Ayer, no más por sino me olvido, comencé a tejer ilusiones.
Te iba llenando de flores, gardenias, rosas y corazones.
Los pajarillos trinaban al sentir tu caminar,
la lluvia caía sobre tu pelo y tu carita mojada.
¡Te veías tan hermosa mi niña!
que bajo la lluvia nos comenzamos a besar.
La lluvia mojaba nuestros besos, pero con tanta pasión no nos importaba.
Tú te aferrabas a mis brazos, yo... yo te adoraba.
Caminamos bajo la lluvia, nos encantaba mojarnos.
Yo saltaba sobre los charcos,
cómplice de la lluvia me portaba,
pero que importaba la lluvia si nos amábamos.
¡Amor de jazmines encendidos, sabes cuánto te amo
que por tu amor… hoy mi alma a florecido!
Si me dices te quiero... más te quiero yo.
Somos como la noche y el día que se unen cuando sale el sol.
Nos espiaba la tarde y la lluvia
cuando hicimos senderos al caminar.
Yo le robaba una hoja al peumo,
tiritaban mis manos cuando la hoja lo prendía en tu pelo.
Tú me regalabas tus besos, dulces, suaves como de terciopelo.
La lluvia... mensajera de nuestro amor profundo,
no querrá dolores ni distancias que nos aflijan en este mundo.
Solos tú y yo amor, hemos bebido del cielo,
la lluvia de amor que nos calo, hasta lo más profundo.
Tanta alegría y amor rebosa mi alma, que me llueven estrellas de tanto amar.
Alma mía de tierno mirar... sabes a ternura fresca como brisa del mar.
El sol de tu carita me viene a llenar la vida.
Amor una tarde de lluvia… me vino a llenar de alegría.
Fuimos dos locos de amor, corriendo por los charcos,
robándonos caricias.
Te amo
eres la vida inmaculada en mi cuerpo,
soy tu vasallo en tiempos nuevos;
y no quiero pecar así no mas
si hasta mas allá del cielo saben que nos queremos.
Amor, vida, cielo, baúl eterno.
Quiero que poses tus labios en mis labios,
bajo este aguacero y que sepa el mundo cuanto nos queremos.
Derechos Reservado: Adán Maimae Herrera.

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